sábado, 22 de junio de 2013

Celebrando el cumpleaños de él

El fin de semana pasado, estuvimos de celebración en honor a él, a ese sujeto que algunos denominan como el padre de la revolución, ese hombre de carne, sangre y huesos latinoamericanos, el que nació en  Rosario y pasó su infancia en una vivienda muy cercana al majestuoso Paraná, el hombre que caminó por las calles que ahora recorremos en bicicleta, el que se tomó una fotografía antes de partir a su viaje por latinoamerica, en uno de los parques más emblemáticos de la ciudad "el parque de la independencia". 

El día estaba un poco frío, pero eso no se constituyó en obstáculo para que saliéramos armadas con un buen atuendo, capaz de soportar el frío de este invierno que tantas ganas tiene de quedarse a vivir entre los esqueletos de los transeúntes desprevenidos que deambulan por las calles de la ciudad. Nos dirigimos entonces al monumento a la bandera, lugar en el que se anunciaba la famosa celebración, al llegar allí, en efecto, se empezaron a escuchar algunos sonidos color Ska mezclado con Rock argentino por supuesto.



Nos quedamos en el sitio escuchando un par de canciones, y volvimos al hostel para invitar a nuestras compañeras a disfrutar de la celebración, que según nos informaron algunos jóvenes del PCR, se terminaría a eso de las 11pm, así decidimos volver caminado por la clásica calle peatonal córdoba, donde nos encontramos con la grata sorpresa de varias librerías haciendo homenaje a nuestro revolucionario favorito con sus vitrinas.

De vuelta al concierto, todo pintaba de maravilla, y como ya éramos cuatro chicas, decidimos llevar dos  botellas de vino para amenizar el momento. En efecto, llegamos al lugar, pero nos llevamos una sorpresa: la última banda, estaba tocando el último tema de la noche, así que mientras nosotras llegábamos, el concierto terminaba...y aun no eran las nueve de la noche; así que decidimos no dejar el vino para después, sino aprovechar que estábamos cerca del Paraná y nos dirigimos al paseo del río a tertuliar y bebernos la botella y media que nos quedaba. En el camino, nos encontramos una amiga canina con quién compartimos un par de papas fritas y unas cuantas caricias, también vimos a unos cuantos adolescentes jugar a ser adultos. Nos tomamos el último trago y decidimos aventurarnos a recorrer las calles de la ciudad rumbo a ese lugar al que ahora llamamos "casa", pero de una forma misteriosa, terminamos otra vez escuchando tango y milonga en el chamuyero.

viernes, 21 de junio de 2013

Primer día de invierno

Viernes festivo, primer día oficial de invierno, levantada a la una de la tarde, sensación térmica entre 6° y 8°, un par de libros en la mesa de noche...mejor me quedo en el cuarto de hostal al lado del calentador.



*Es importante anotar que anoche vivimos nuestra primera noche a ninguna temperatura, es decir, a 0°

miércoles, 19 de junio de 2013

Recorriendo la ciudad sobre dos ruedas

La historia que tenemos para contar ha sido la más esperada desde el día en que se abrió este blog, no por la redacción, ni por las impresiones que podría llegar a generar, sino por los anhelos que cada día se hacían mas fuertes.

Resulta que ahora las martas se han convertido en grandes amantes de las bicicletas, tanto que en una navidad pidieron de regalo aprender a manejar una de ellas, y sí que lo lograron con un par de raspaduras en sus píes debido a las calles empedradas y las aceras levantadas a medio metro de las calles de la colonial Santa fe de Antioquia.

El segundo deseo era tener una bici propia, para recorrer una ciudad del sur a cualquier hora del día, siempre me imaginé que se trataría de una de esas de segunda que no tienen mucha gracia, esas que uno conoce popularmente como todo terreno, pues conseguir una con un estilo vintage, no era muy factible...hasta que al llegar a Rosario nos encontramos con la grata sorpresa de una ciudad sobre ruedas, y lo digo, porque en cada esquina ves una bici atada a un árbol, a un poste, a un parqueadero público especializado para ellas, y lo mejor de todo, es que la mayoría de las que transitan por la ciudad es del estilo ochentero, con canastita, parrilla, freno de contrapedal, casi todas muy pintorescas, así que mas enormes se hicieron las ganas de tener una para deambular por la ciudad.

La búsqueda comenzó: visitamos varios lugares donde vendían caballitos de acero de segunda, si en había ni media para vender, en el otro costaba una fortuna, incluso vimos un par que estaba vendiendo un chico que vende libros los domingos en el paseo del río, pero nada, una era demasiado alta como para poner el pie en el piso mientras cambiaba el semáforo y la otra, ya no la querían vender.

Empezaba a ponerme tristes hasta que al fin apareció la adecuada de la forma mas inesperadamente posible, resulta que comentándole a un compañero de la clase de tela y trapecio los fracasos para conseguir la bici, me dijo tan tranquilamente que él tenía varias bicicletas y que tenía una que ni siquiera usaba, que si yo quería el me la prestaba indefinidamente, por el tiempo que yo quisiera, que si se me antojaba, la podía pintar de rosa y que él no tendría ningún inconveniente.

En efecto, al día siguiente muy temprano fui a encontrarme con la anhelada bici en casa del compañero, y ahí estaba, esperándome, parecíamos hechas la una para la otra, ella tenía sus llantas pinchadas, pero eso no fue obstáculo para que se fuera conmigo rumbo al taller, y luego rumbo a casa.

Ahora, es nuestra gran amiga, yo a veces me escapo con ella a buscar un nuevo rumbo por la ciudad, y Cata, ella está dando sus primeros pedalazos.



miércoles, 22 de mayo de 2013

Noche de tango y milonga

Hace un par de días, cuando la ciudad se encontraba a una temperatura aproximada a los seis grados, decidimos lanzarnos en medio de la noche en búsqueda del chamuyero. Llevamos un gato negro para la celebración, vimos que era una excelente compañía para la noche que apenas comenzaba, yo no contaba con la fuerza necesaria y el valor para abrirlo como el rito lo exigía, hasta que ella se decidió y así logramos oler sus entrañas, un par de perros se acercaron, parecía que también querían probar la pócima, pero fue imposible compartir con ellos, porque justo en ese instante...lo encontramos!!!

Si, ahí estaba, todo cubierto de arrabal, era él, el famoso chamuyero. Aun no me explico como hicimos para llegar hasta allí, después de haber deambulado por las calles con un gato negro que pasó de nuestras manos a nuestra laringe, después de haber sido perseguidas por un par de perros hambrientos.

Al fin llegamos a nuestro encuentro casual -a nuestra cita - con el destino, todas logramos entrar, nadie nos dijo nada, pero eran muchos y todos hablaban en un mismo lenguaje: el tango. Tratamos de ubicarnos en el lugar mas cómodo que encontramos y que nos permitiera observar de cerca el espectáculo. muchos de ellos estaban sentados al rededor de pequeñas mesas de madera iluminados por una luz entre roja y amarilla, al fondo se divisaba el centro donde se congregaban por parejas a acercar sus cuerpos sensualmente al ritmo del tango y la milonga.



Una de las chicas decidió traer a nuestra mesa una botella con capacidad de un litro llena toda de un liquido burbujeante con sabor a cebada, madera y alcohol, la distribuimos en cinco recipientes cilíndricos, que se iban llenando cada vez que se veían un poco vacíos, hasta que en dos de ellos se colaron los restos del gato negro que habíamos escondido en una de nuestras mochilas de esos perros que nos siguieron hasta el lugar.

En medio de las luces, la música, el baile sensual y un nuevo perro que se coló en la fiesta, de repente, todo fue silencio, un silencio que sólo podía ser interrumpido por el sonido de un bandoneón, que nos trasladaba a aquellas épocas en que Gardel visitaba a Medellín. Un cantante que no requería micrófono para que su voz invadiera cada rincón del lugar comenzó a interpretar bellos tangos, mientras los demás presentes nos encantábamos lentamente al escuchar las melodías.

La noche finalizaba y nosotras debíamos despedirnos del lugar, porque ya estaba helando y si nos quedábamos un tango más corríamos el riesgo de salir a la calle y que nuestros pulmones se congelaran mágicamente.

El chamuyero definitivamente es un lugar para volver, no se si con la frente marchita o con el espíritu dispuesto a guardar dulces recuerdos, pero ahí estará, en la calle corrientes, los perros te indicarán como llegar. 

jueves, 16 de mayo de 2013

El cuento de las estaciones y la sensación térmica

Cuando llegamos a este país, estábamos en pleno otoño, las hojas comenzaban a caer lentamente de los árboles, algunos de ellos empezaban a verse algo opacos, allí recordé una de las reuniones con el maestro Mesa, cuando nos leía como un abuelo querendón lo hace con sus nietos cerca a una chimenea   un par de cuentos y hasta algo de filosofía, ese día el nos llegó con un texto de Ortega y Gasset sobre la metáfora, fue tan bello cuando el leyó con su entonado acento que los chinos al no encontrar un símbolo que les diera a entender la tristeza, decidieron unir dos: otoño y corazón, con lo que se entendería que la tristeza es el otoño del corazón, en ese momento a la mitad de los asistentes se nos alcanzó a escapar un suspiro.

Las hojas siguieron descendiendo de los árboles, todo se tornó tan natural y tan cotidiano que ya no nos percatábamos del asunto, hasta que un día, íbamos caminado por las calles de la ciudad y allí estábamos, tan presentes, como que dejábamos un eco, y como no dejarlo si es que estábamos caminando sobre las hojas del otoño rosarino, las había de muchas formas, todas muy bellas -fue el primer otoño de mi vida-, recuerdo que guardé un par de ellas como recuerdo en un librito que llevaba en el bolso, y que suerte la mía, el libro era de Borges.



El otoño terminaba y nosotras a penas comenzando a conocer a Rosario, a vivir sus domingos soleados con temperatura ideal de esas donde no tienes mucho calor pero tampoco te hace mucho frío, pero cuando en un lugar existen esas cosas que la gente suele denominar estaciones y que a uno le suenan como a película extranjera, pues la visión y hasta el aire cambian.

Resulta que ahora nos encontramos en pleno cambio de estación y comienza a hacer frio, y como aquí el pronostico del clima si es real y se cumple estrictamente, muy sagradamente cada mañana antes de observar cualquier cosa, lo primero que miramos es el pronóstico del clima por rangos de horas para la ciudad, y vaya sorpresa! cuando nos encontramos con la temperatura de la hora y la sensación térmica que se experimentará, eso de la sensación térmica no lo entendíamos, hasta que una compañera nos explicó que por la humedad la temperatura cambia y se siente diferente, por lo cual, si el pronóstico del clima dice que estaremos a nueve grados de temperatura generalmente nos muestra que la sensación térmica será de cinco grados, noticia totalmente desmotivante, porque toca pensar que ropa debe usarse para que no le de a uno tanto frío y cuantas horas se va a pasar encerrado en el cuarto del hostal al lado del calentador para no sentirse congelado durante el día.

También con el invierno llega el hielo a los grifos, parece que a través de ellos se derritiera el antártico  el agua sale tan fría que se puede preparar una bebida helada al instante sin tener que usar hielo o mantener el liquido refrigerado por algún tiempo.

Ahora el invierno comienza a apoderarse de la ciudad y salvo el problema de pensar en el método más idóneo para no congelarse, los días siguen siendo bellos, el cielo sigue siendo aun más azul, tanto que uno a veces piensa que los días cálidos no siempre son los mas calurosos para el alma.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Experiencias bizarras de logias y logías

"Memos", o volanticos que se reparten
desaforadamente en la vía pública
Cuando comenzamos a caminar por las calles de Rosario notamos, con asombro primero y con aire de mofa después, la cantidad de consultorios médicos, sanatorios, y servicios de profesionales con especialidades muy particulares, ofreciendo consultas no solamente de psicología, oncología o fonoaudiología, sino también de podología, posturología, odonpodoposturología, y en general de todas las logías posibles para una imaginación fructífera (especialmente de una ocupada en el área de los pies o la columna). Además, la oferta en estas logías bizarras es tan abundante que hace suponer también una amplia y diversa oferta educativa, lo cual hemos verificado en el contenido de algunos de los "memos" con que a diario nos encartan en la calle. 

Parece haber aquí una superespecialización del conocimiento que no obsta para que la formación académica sea aparentemente más integral que la que normalmente se recibe en Colombia. Sorprende encontrar cátedras anuales dedicadas con amplio despliegue al estudio de la metafísica, área que cuenta con muchos adeptos por estos lares y se anuncia en todas partes como curso particular, ciclo de conferencias, seminario de extensión. Además, en la enseñanza secundaria parece frecuente (al menos más frecuente que en Medellín) que se incluyan las asignaturas de teatro y música. Puede ser por eso que los artistas rosarinos son en su mayoría artistas muy integrales; si uno se encuentra con un bailarín, es probable que haga teatro también, y si se encuentra con una actriz, resultará que también danza y pinta, y aprende a tocar clarinete y hace contac y clown (que para mí no es teatro pero cuenta como experiencia bizarra). Se nota que los rosarinos desde "chicos" tienen muchas facilidades para entrar en contacto con universos a los que en Colombia es difícil acceder. 

Todo ello otorga cierta extravagancia al mundo académico de la ciudad, que los fines de semana se nutre en las ventas callejeras del río con variados libros muy locos, sobre chamanismo, experiencias psicotrópicas, rock, tango, y principalmente, sobre psicología y psiquiatría, que acá son el pan del pueblo. En cambio, del opio del pueblo parece haber poco. No hemos visto muchas iglesias, aunque sí algunas diferentes a las que estamos acostumbradas... más rectangulares y con menos ventanas, a lo mejor son anglicanas o dios (alá, buda, etc) sabrá de qué religión. 

Foto desprevenida en la calle Córdoba 
.. Porque en un ambiente así no es descabellado que proliferen todo tipo de teorías, creencias, sectas, grupúsculos. Por ejemplo, yo había visto en wikipedia algo sobre los Chemtrails, pero no me imaginé que me encontraría alguna vez en una calle a los representantes de un grupo de estudio dedicado a ese tema. Me abordaron un hombre y una mujer ya entrados en años, y como ya me había ocurrido con los apóstatas, me comenzaron a explicar el modus operandi de los chemtrails en medio de una conversación muy amena. Al menos es cierto que los cielos rosarinos son surcados frecuentemente por la estela de unos dirigibles cuyo propósito no sería raro que fuera el de fumigar la soja transgénica que se cultiva masivamente en la provincia. 



Otra día fuimos a la facultad de artes y humanidades y cuál no sería mi sorpresa al ver un cartelito pegado muy orondo y tranquilo, anunciando una "conferencia" a propósito del pensamiento de un autor que yo había oìdo mentar de oídas -de leídas para ser más exacta- pero cuya obra me había sido hasta entonces totalmente esquiva. De modo que, con mucha expectativa, fui restando los días para asistir a la charla que me adentraría en el mundo de Gurdjieff, a la que Marta desde el principio manifestó no querer asistir. Pues ocurrió que el día tan esperado me fui en compañía de ella, que actuaba solamente como gps y compañera de camino para luego marcharse con otros rumbos más aleatorios, cuando nos encontramos indefensamente desubicadas porque en la nomenclatura se pasaba de un número X a uno Z. Entonces, la gps mencionada dio a entender que el limbo numérico en que nos hallábamos debía tener un escalón no contemplado, y resultó que sí, el lugar de la conferencia iba a ser un lujoso hotel que empezó a tornar sospechoso el asunto.

Al preguntar si la conferencia era allí, el botones o el vigilante del hotel (no sé qué sería) emprendió carrera hacia el salón de la conferencia, de modo tal que fue ineluctable seguirlo aún para Marta, que como se recordará no planeaba asistir. Entramos a un pequeño salón. 15 personas más o menos, todas sentadas en círculo y pendientes de quién ingresaba. Después de la sonora corrida de sillas vigilada milímetro a milímetro por 15 ojos atentos, continuó la exposición, que parecía haber empezado hacía rato. Una mujer en pose bastante artificial explicaba las bases del intríngulis del cuarto camino de Gurdjieff. Cuidado de las formas, presencia en todo -receso tenso en el que un hombre repartió tres hojitas por cabeza con las formas de la presencia: en el decir, en el pensar, en el oir, en el mirar... - y con sonrisa aquí y allá (porque no se debe expresar ningún pensamiento negativo) y abundancia de expresiones como "el maestro" o "la verdad",continuó correcta pero nerviosa con su discurso sobre la presencia. Luego, receso para un ejercicio de elegir un verbo y hacerlo "con presencia".

Tras ello, esta mujer rígida, de forma confusa e inútil, intentó asimilar con las pintas de la baraja los tres elementos que según Gurdjieff conforman la esencia humana;a saber, el cuerpo, el intelecto y las emociones. Pero como aún quedaba una pinta (son 4), la escuela que organizaba la "conferencia" opinaba que estaba además lo instintual, de acuerdo con lo cual un practicante del cuarto camino no debía fumar ni beber, y debía someterse a acciones que lo "descolocaran" de su realidad cotidiana; no podía por ejemplo tomar mate (en una historieta habría aquí un signo de admiración sobre la cabeza de los asistentes). Esta hubiera sido "la tapa" si acto seguido una coexpositora no hubiera intervenido para expresar que otra "condición" necesaria para ser practicante del cuarto camino era la de tener disposición en lo espiritual y lo "material", atendiendo claro estaba a la condición particular de cada quien, por lo cual para ingresar a la escuela era indispensable otorgar un 10% del salario para su sostenimiento. 

Una mujer se paró inmediatamente en forma muy airada, y mirando con mucha "presencia" a los estafadores -ya no cabía duda de lo que eran- les esputó en la cara que se imaginaba una cosa muy distinta pero todo eso era una "chalada", y se fue con un portazo, al que le siguió felizmente el de Marta y alguna otra persona. Yo me quedé. Claro, quería explorar en la psicología de semejantes especímenes, decirles unas cuantas cosas, cuestionarlos. Cómo me iba a ir con el avispero alborotado y la chispa encendida de un tema que en la vida real -y no en esa parodia deforme- me suena muy interesante. Espacio para preguntas. Cuestionamientos van, respuestas precarias vienen... "Si Gurdjieff en su obra tal decía esto, ustedes por qué"..., "Gurdjieff hablaba de tres caminos, ustedes de tres"... "Esa tontería de la baraja tan rebuscada, ¿por qué?"... Yo los increpé por la publicidad, por el ánimo de secta religiosa que chocaba con lo poquísimo que había leído del autor, por la incongruencia y el descaro. Luego no aguanté y me fui, más muerta de la risa que de la indignación. A la salida, nos reímos con los demás asistentes del descaro de esa logia, e incluso salí con recomendación de libros y de librería donde rebuscar los libros de un autor que es escaso en Rosario pero más desconocido en Medellín.


(... y es por todo ello que, aunque los rosarinos son medio ateos y desapegados, ésta es la ciudad de la Logías y las Logias)

sábado, 11 de mayo de 2013

Cuarto de hostal

Llegamos a la ciudad de Rosario y bueno, como no somos un par de estudiantes de alta alcurnia de esas que arriendan un piso amoblado en el sector más exclusivo de la ciudad mientras adelantan sus estudios, nosotras, nos quedamos en un hostal, en "quechua", aquí estamos en la calle Italia, muy cerca de todo lo que podemos necesitar habitualmente, con decir que en lo que llevamos viviendo aquí, sólo hemos tenido que tomar dos veces bus urbano para llegar a otro lugar de la ciudad.

En principio nos quedábamos en el cuarto número uno, donde cada noche escuchábamos la melodía del padrino antes de irnos a la cama de cuanta de alguien que sospechamos conocer, si es un señor que Cata conoció en la peatonal y que estaba empeliculado literalmente con "el padrino", ese cuarto también lo compartimos la primera semana con Diana -la compañerita de la maestría que viene cada dos meses a estudiar durante una semana completa derecho procesal-. Ahora nos estamos quedando en el cuarto número siete, en el segundo piso exclusivo -en el bajo mundo el conocen como polo sur por ser el mas frío de todo el hostal-, sin embargo eso se puede subsanar con un aparato sofisticado de calefacción de esos que en Colombia no se ven, porque uno no los necesita habitualmente.




La habitación tiene televisión, que aunque normalmente lo utilizamos como repisa, y hasta como tendedero de ropa, los fines de semana fríos sirve como entretenimiento si somos suertudas y pasan una película como "La lista de Shindler" o "El espantatiburones" que Cata no pudo terminar de ver porque como cosa rara se quedó dormida a tempranas horas de la noche mientras yo estaba como un bombillito.

En semana, las noches son tranquilas y uno puede sentarse en un sofá unipersonal a leer algo, por ahí hasta la una de la mañana y no hay nada que lo desconcentre, salvo que a un zancudo le de por meterse por la pequeña ventana que tenemos, el problema llega los viernes, pues resulta que en la esquina de en frente hay un "boliche", es decir un bar que se convierte en una ruidosa y estruendosa discoteca los viernes y que no permite concentrarse sino hasta las cuatro o cinco de la mañana; mientras en el dichoso boliche pueden estar haciendo todo el ruido del mundo Catalina muy campante se queda dormida y hasta sueña,mientras yo, amanezco con unas ojeras que no quisieran ver y por eso me quedo durmiendo hasta las 11 ó 12 del día mientras Cata se levanta temprano como de costumbre, se pone a leer en el herpo (ipod!), se baña y me despierta para que bajemos a desayunar juntas.

En términos generales, el cuarto ha sido muy agradable, y aunque a veces seamos un poco desordenadas, las cosas aparecen y se desaparecen cuando lo consideran necesario.