sábado, 13 de enero de 2018

Ir a ver una mala obra de teatro

Publico expectante
anunciada con bombos y platillos
publicidad de la buena
entrar a horario justo.

Escenas discordantes
planos mal planificados
luces fuera de lugar
escenas de sobra.

Sueño
mucho sueño
la compañera de al lado dormida
y la otra compañera mas dormida.

Salvarnos de drácula
caminar veinte metros
llegar a Perú profundo
comer algo rico
...y olvidarlo todo.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Micromachismos Nº 1

Hace unos cuantos días salí a bailar a un famoso lugar de la ciudad, la noche venía divertida y bonita, la música inigualable con los gaiteros de San Jacinto en Rosario, todo anunciaba que iba a ser una noche perfecta.

Uno de mis compañeros de baile y cerveza mas conocido como "El Maravilla" por anotar cinco goles en un partido, me presenta a uno de sus amigos un chico "Winnie", comenzamos a hablar de las hazanas del "Maravilla", yo pensando que jugaban para el mismo equipo, pues resulta que no, y yo riendo, ya con mas de una cerveza encima al enterarme le digo a "Winnie": Qué pena contigo; la respuesta de este sujeto nunca me la esperé: No me des bola son boludeces de hombre. En ese instante mi ser feminista no pudo contenerse y le respondí: con que digás que son boludeces a secas va a estar bien, lo que acabás de hacer fue un comentario micromachista, y a ese mal hay que erradicarlo en todas su formas, acaso no sabés que hay mujeres que también nos apasionamos con el fútbol. 

Ante mi discurso, "Winnie" se quedó sin palabras y el "Maravilla" que obraba como espectador de la discusión no podía creer lo que estaba presenciando.

Fin de la conversación.

martes, 25 de julio de 2017

Tipico en Rosario

En esta ciudad, pasa de todo, un poco las cosas son como en las grandes metropolis llenas de autos y de smog, de gente corriendo de un lado para el otro, de bullicio y de mil vosas para hacer, y otro poco, son como en los pueblitos mas recónditos del planeta, donde todo el mundo conoce a todo el mundo y cada paso que das ya fue medido por una tribuna de observadores: hay que equivocarse y ser fuerte, tratar de no dejarse piyar haciendo movidas rápidas y no dejar que te eleven el ego a las nubes cuando algo te sale bien.

En Rosario hay personajes típicos, los de lunes a viernes en calle San Luis comprando y vendiendo a toda prisa, los de las peatonales que se toman un poco mas de tiempo y los de  cheto comercial o shoping que andan light por la vida. En la peatonal si vas caminando un día en semana te vas a encontrar músicos, gitanas que te adivinan la suerte, un marionetero, una chica que hace de estatua y una voz chillona que grita chiiiiipaciiiiitos; y es que el chipá no solo está en la peatonal,  por calle San Luis se escucha una voz masculina que grita "la rica chipa, chipa la rica" es como un trabalenguas, hasta me costó escribirlo.

Si te vas por los lados del rio, mas o menos por las inmediaciones del parque españa te vas a encontrar con un paisaje tranquilo para observar el cause del rio y los barcos cargueros y al llegar la tarde vas a ver chicos haciendo ska y bicicrosistas y hippies vendiendo sahumerios y comida.

Todo este paisaje cambia cuando llega el fin de semana, debido a que el parque españa,  el parque independencia, la plaza del che, el parque Yrigoyen, el parque Alem, la plaza Alberdi y demás, se colman de gente y con ella, aparecen nuevos personajes como el vendedor de algodones de azucar gigantes, un número elevado de hippies vendiendo pan relleno, una señora que vende deliciosas bolas de fraile rellenas con dulce de leche, perros corruendo, jóvenes que caminan sobre una cinta elástica atada a dos árboles, motos con su piloto a bordo haciendo ruido  con el motor, gente atlética que sale a hacer ejercicio o exhibirse, aun no lo tengo claro y una serie de ferias artesanales  donde se encuentra de todo un poco, sería una suerte de San Alejo que se repite todos los domingos.

Hay un sin número de personajes que me queda por enlistar, no sin antes confesar mi fascinación por la variedad de cosas con que me encuentro cada vez que salgo a la calle, cuando voy a un kiosco, cuando voy al trabajo, cuando salgo a bailar, siempre hay algo que me sorprende en esta ciudad.

lunes, 24 de julio de 2017

Residencia permanente

Ahora que llevo cuatro años en el país de los gauchos, mas precisamente en la ciudad que vio nacer al Ché a Fito y a Messi, ya no me siento tan extranjera, salvo por mi acento antioqueño, el desayuno que no se ha adaptado a mates con masitas y mi gusto por la salsa clásica. Por lo demás, he empezado a entender términos, frases y comportamientos sociales que a mi llegada a esta geografía eran algo totalmente extraño por no decir exótico (porque la exótica en este país soy yo).

Paso a enlistar algunas de esas cosas que se han normalizado para mi, cuando antes eran algo traído de los cabellos.

Actitud en los cumpleaños: aquí no es como en Colombia, dónde los cumpleaños por lo general son organizados por personas distintas a quién conmemora su natalicio, aquí ocurre totalmente lo contrario, pues quién cumple años lo anuncia con bombos y platillos invita a todo el mundo a su casa, a un bar o consigue salón de fiestas para celebrar, normalmente lleva su propia torta al lugar de trabajo y de estudio y se le canta "que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas, que los cumplas, que los cumplas feliz" lo que indica que decidieron olvidar parte de la letra del feliz cumpleaños y decidieron repetir siempre la misma frase, lo que equivaldría a una traducción literal del "happy brithday to you". Lo que mas me gusta de los cumpleaños argentinos son los postres, porque eso sí, aquí los postres en general, el helado y las tortas suelen ser gourmet, y yo como de todo un poquito.

En todas las casas hay horno y en muy pocas licuadora: Si, escasean las licuadoras, y en consecuencia las jarras llenas de jugo en las neveras que aquí llaman heladeras, le dicen jugo a un fresco en polvo y al jugo de fruta le dicen licuado o exprimido si se trata de jugo de naranja. Con el paso del tiempo y de las estaciones, donde van apareciendo frutas y verduras según el clima que haga, me di cuenta que no hay abundancia de frutas todo el año y que conseguir un mango puede llegara a convertirse en la odisea, y ni que decir de la hora del almuerzo, donde te ofrecen de sobremesa agua o gaseosa y pare de contar. Como mencioné al principio, en todas las casas hay horno que no se usa solo para guardar ollas y cacerolas, sino para preparar la mayoría de las comidas de la gente y con eso voy perdonando la falta de licuadora, porque gracias a este artefacto de cocina se pueden preparar ricas recetas, pan casero del cual ya tengo mi propia receta. Y a esto hay que sumarle que a la lavadora le dicen "lavarropas" y como en muchas casa no hay, por toda la ciudad se ven lavanderías donde te entregan la ropa, limpia, secada y planchada...algunas veces quemada.

Aquí la gente no sabe bailar guapachosamente: puede que tomen cursos de danza contemporánea, salsa, afro, ritmos latinos y tango, pero a la hora de salir de guaracha, parece que todo el mundo tuviera dos pies izquierdos y uno ya ni se desgasta en buscar un buen parejo que le de el paso, primero, porque si uno baila con alguien al que no conoce, ese alguien piensa que uno le está echando los perros, o si te sacan a bailar y decís que sí, también creen que les gustás y segundo, porque la gente baila sola, cada quien en la suya, incluso me parece raro ver bailar a la gente en pareja.

He dejado de usar determinadas palabras y adoptado otras: ya no digo cojer sino agarrar, ya no digo pito sino corneta o bocina, ya no digo chaqueta sino campera, ya no digo aguacate sino palta, ya no digo piña sino ananá, ya no digo fresa sino frutilla, ya no tomo tinto sino café, ya no digo lapicero sino birome o lapicera, ya no me tomo el bus sino el bondi o colectivo, ya no vivo en un apartamento sino en un departamento, ya no me voy de rumba sino de joda. Ahora digo: y si, posta, qué flash, que macana, pibe, chabón, boludo, viste, ahh bue, que garrón, copado, me copa.

Durante estos cuatro años me han pasado un sin número de cosas, he vivido todo tipo de experiencias, que si me pongo a escribirlas aquí me perdería la vida que se vive allá afuera.










viernes, 15 de julio de 2016

Me acostumbré al cielo azul

Cuando alguien llega a un lugar desconocido, al principio, cada cosa que ve le sorprende, se le salen los ojos de sus cuencos, el corazón se le agita de manera permanente, los pies se le van llenando de callos de tanto caminar y revolotear por ahí, su cámara se llena de fotografías, envía mensajes continuamente a la gente que dejó en otros puertos, sus oídos se asimilan a los de un can a un silvido cuando escucha la forma de hablar entre los habitantes de su nueva vecindad, a veces usa mapas que se despliegan del tamaño de un pliego de cartulina de cuatro por cuatro, otras veces le pregunta a la gente que se cruza por la calle cosas extrañas buscando alguna forma que le ayude a orientarse, aprende que algunas palabras cambian de significado según la región, y que para algunos significados hay que usar palabras nunca antes incluidas en su léxico.

Cambia la forma de vestir según la temporada del año, cambia el paisaje, cambia la forma en que salen y se ocultan la luna y el sol, y ni qué decir de la manera que se ven los amaneceres y los crepúsculos en el horizonte; se conocen nuevos amigos, se crean vínculos estrechos  con los de aquí y se extraña a los de allá, e irremediablemente se escapan toda suerte de comparaciones entre este lugar y aquel.

Se aprende a conocer a la gente que si bien puede tener puntos comunes, en otros encuentra un abismo inagotable simplemente por no haber nacido entre los mismos cerros; se aprende de la política en los lugares donde la gente no tiene miedo de expresar su opinión aunque el concepto de poder y de gobierno  sea similar al de otros lugares; cuando se va al merado hay formas de negociar que varían y la palabra regateo desaparece; al mundo laboral se ingresa con curriculum vitae y no con hoja de vida, te explotan, no saben el significado de seguridad social y te despiden diciéndote fulera.

Mientras todas estas cosas van pasando la vida se te van transformando y lo que antes te sorprendía ahora se convierte en algo cotidiano; ya decía algún sabio que el ser humano es un animal de costumbres, de modo que mientras esa premisa siga siendo verificable, las cosas son y serán más o menos sorprendentes según la cantidad de veces en que las hayas percibido, mientras tanto habrá que intentar redescubrir todo cada día como si fuera la primera...o la última vez.

sábado, 24 de octubre de 2015

Los federales son contaminación visual

Durante los últimos días Rosario se ha convertido en una ciudad peligrosista en su término criminológico, pues el gobierno nacional encabezado por Cristina Fernandez ha decidido enviar toda una bandada de policías federales que inundan la ciudad con sus autos multiparachoques, con luces que te dejan ciego cuando pasas en bici cerca de uno de ellos o simplemente te los cruzas en la calle a cualquier hora.

Estos personajes con traje negro tipo "robocp", se paran en combo de tres por uno en las esquinas de las principales calles de la ciudad, haciendo una suerte de exhibición -como quien dice "aquí estamos armados hasta los dientes"- y por supuesto parando indiscriminadamente a quien se les atraviese por la vista sin orden judicial previa y realizando una requisa exhaustiva, para después dejar ir a los retenidos con temor, esto con el único fin de seguirse mostrando en lugares concurridos y generar un estado de peligro en la gente.

A mi la verdad, no me gusta ver tanta policía en las calles, son una suerte de contaminante visual que hiere la vista y hace pensar en peligro inminente, llenar una ciudad de policías no es igual a llenarla de escuelas con buenos maestros, el resultado a todas luces será distinto, no hay que buscar un país que castigue "malas acciones"  sino que sepa prevenirlas desde las escuelas.

jueves, 15 de octubre de 2015

Finde en las sierras cordobesas

Durante el fin de semana feriado con motivo del robo de nuestras tierras por parte los colonizadores, decidí escapar del colonialismo citadino y adentrarme a las sierras cordobesas. La cita fue en un pequeño pueblo llamado Nono, no precisamente por el negativismo de sus habitantes, sino por un curioso par de montañas que se asemejan a un par de senos a los cuales la comunidad de  origen les llamaba "ñoño".

Nos hospedaron en su casa Alvaro y Luchi  la cual está metida a unos diez minutos del pueblo en auto quienes son a su vez hermano y cuñada de  Eugenia, viajamos acompañadas de Martina (9 años, hija de Alvaro) y Nora, mi suegra.

La idea era salir a recorrer las montañas, bañarme en el río, ir a ver los cóndores de las altas sierras, pero todo ello fue menguado por una lluvia implacable que recién terminó cuando tomaba camino de regreso.Los planes para la estadía cambiaron a tal punto que aprendí más sobre juego de mesa que sobre geografía cordobesa.

A cerca de la alimentación durante el fin de semana, debo admitir que estuvo sobrecargada, comenzando con panes integrales con dulce de leche y queso de campo, tallarines caseros elaborados por la anfitriona de la casa, un curioso menú de restaurante consistente en un plato de papas fritas mezcladas con huevo revuelto -un menú bastante montañero, solo le faltó la arepa-, chocolates tradicionales de la región, merenguitos, y todo lo que estuviese a la mano susceptible de ser devorado.

El viaje de regreso lo hicimos cruzando las altas cumbres, el paisaje fue inigualable, montañas cubiertas de nieve, pequeños pueblos sobre el valle, cóndores volando, bajada de la sierra a la pampa y la mejor compañía, todo ello acompañado de un radiante sol primaveral.

Llegamos a Rosario, y aún estaba de día, nos esperaba Shetza Chicacausa con un suculento plato de comida para terminar el fin de semana largo como debe ser y comenzar la semana corta con dolor de panza y vómitos por no haber cerrado el pico de viernes a lunes.